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No entenderás la Buena Noticia si primero no conoces la mala.

Si llevas algunos años sobre este planeta Tierra, te habrás dado cuenta de que las cosas a tu alrededor distan mucho de ser perfectas. A pesar de que muchos se esfuerzan en hacer de este mundo un hogar mejor, la cruda realidad es que la imperfección nos rodea, parece como si el ser humano no tuviera remedio, como si por mucho que se esforzase, no pudiese acabar con las injusticias en el mundo, porque intentando arreglar algo, estropea otra cosa. Se intenta conseguir la paz mundial mediante la guerra pero la violencia genera más violencia aún, más odio, y más guerra y menos paz. A nivel mundial y también a nivel local, las cosas no van bien.

 

¿Y dónde está Dios?

Si Dios es amor ¿cómo puede haber infierno?

La Buena Noticia es...

¿Qué espera Dios de mí?

¿Quién puede salvarse?

 

¿Y dónde está Dios?


Te preguntarás: y en todo este lío, ¿dónde está Dios?. ¿No se supone que Él tiene el poder para arreglar todo lo que el hombre destruye?.

¿No tendría Él que acabar con los malos y salvar a los buenos?
La biblia nos muestra a Dios. Un Dios poderoso que crea el mundo y también al ser humano. Un hombre y una mujer perfectos, muy superiores a todos los animales, porque los hizo a su imagen y a su semejanza. Les hizo responsables del planeta para que reinasen en él. Les dio el poder y la libertad de decidir obedecer a Dios o desobedecerle. Ellos escogieron desobedecerle, y desde aquel momento, toda la creación, humanidad incluida, ha sido un caos, lleno de muerte, dolor, hambre y enfermedad. El hombre hizo uso de su libertad de elegir y lo hizo mal. Hoy día, todos tenemos libertad de elección y ¿cómo elegimos? Igual de mal. La biblia declara: “no hay ninguna persona que sea perfecta, todas están llenas de errores y de maldad”.

Si Dios es amor ¿cómo puede haber infierno?

Una de las cosas que la biblia nos dice acerca de Dios es que Él es Santo. A causa de su santidad, Dios odia el pecado. ¿Cómo puede Dios odiar algo si es amor?. Porque cuando uno ama algo, odia lo contrario. Si amamos a los niños, odiaremos la pederastia. Si amamos la paz, odiaremos la guerra. Dios ama al hombre pecador, pero odia su pecado, y por ese pecado, el hombre se condenó a sí mismo a vivir eternamente separado de Dios.

La biblia dice que debemos pagar por nuestro pecado. ¿Y cuánto tenemos que pagar?. La paga del pecado es la muerte, separación eterna de Dios. ¿Querrá Dios eso?. ¿Será Dios tan malo como para dejarnos morir en nuestras faltas y pecados sin hacer nada?, ¿no podría Dios hacer la "vista gorda" y perdonarnos sin más?, ¿no podría Dios saltarse sus propias leyes y pasar de nuestro pecado?

Dios es un Dios perfecto, es justo, no puede saltarse las leyes sin dejar de ser justo. Sin embargo, desde que el hombre pecó, se puso en funcionamiento un plan de amor para rescatar al hombre de las garras de la muerte. La humanidad entera estaba bajo maldición, bajo la ira de Dios por su pecado. Nadie se podía salvar a sí mismo, y menos aún, salvar a algún otro.

Y esa es la Mala Noticia, que por cuanto todos hemos pecado, estamos condenados a estar lejos de Dios. Y es aquí donde viene la Buena Noticia.

La Buena Noticia es...

Dios en su grande amor por nosotros, envió a su hijo Jesús, que era Dios mismo, para que se hiciera hombre, y como hombre perfecto, pagara por tu pecado y por el mío. Nadie más lo podía hacer, sólo alguien perfecto, hombre, dispuesto y capaz de sufrir el infierno en tu lugar.
Jesús vino, nació como pobre siendo Dios, vivió haciendo el bien a todos y sanando a muchos, y dio su vida en la cruz para pagar nuestros pecados.
Dios trazó un plan perfecto para que la humanidad tuviera una salida, una posibilidad. Descargó su ira sobre su propio hijo allá en la cruz. Esa muerte satisfizo la justicia de Dios. Jesús murió para que tú no murieras. Dios nos dio la posibilidad de reconciliarnos con Él, la posibilidad de borrar nuestros pecados sin comprometer su justicia ni su santidad.

¿Qué espera Dios de mí?

Nuevamente, Dios deja la libertad de escoger al hombre, creer en Jesús y salvarse o rechazar a Jesús y seguir en la condenación. Dice la biblia en Juan 3:36:

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no quiere creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”

Y es que si no aceptas a Jesús como tu salvador, si no aceptas que Él pague por tu pecado, entonces tendrás que pagar tú. Mucha gente dice que si Dios es amor no será capaz de echar a nadie en el infierno. Pero la verdad es que Dios es amor, y por eso, Él no escatimó ni a su propio Hijo por salvarte. Dios te ofrece la salvación, pero te de la posibilidad de que la rechaces. Está en tu mano, como lo estuvo en las manos de Adán y Eva.

Imagínate un precipicio con un fondo que no se ve. Allí colgados de una ramita, con los pies volando sobre el abismo estamos tú y yo. Podemos esperar dos cosas, o que la rama se rompa, o que nos cansemos de estar agarrados y nos soltemos. Sea lo que sea, sólo nos espera una cosa, caer en el precipicio y morir. No hay otra opción, el borde está demasiado alto para alcanzarlo por nuestras propias fuerzas, y ni tú me puedes salvar a mí ni yo a ti, y no hay más culpables que tú y yo. Ahora imagínate a Jesús, que se acerca al precipicio y te extiende la mano para salvarte. O escoges cogerte a su mano o escoges la muerte. No te engañes, no es Dios el que te ha empujado al precipicio por no creer en Él, tu pecado te llevó allí. Jesús te ofrece su salvación, es todo lo que puede hacer y es todo lo que necesitas para salvarte. La decisión es tuya.

¿Cómo puedo salvarme?, ¿cómo puedo reconciliarme con Dios?, ¿qué tengo que hacer para salir del precipicio y estar con Jesus por la eternidad? Simplemente extender la mano y cogerte a Él. La salvación es gratis para ti aunque a Jesús le costó su vida. No tienes que ganártela, no podrías. Dios dice que nuestras mejores obras son como trapos de inmundicia para Él, son inútiles, como intentar alcanzar la luna con una escalera.
Simplemente cree en Jesús con todo tu corazón, arrepiéntete de haber vivido tu vida a tu manera, mejor o peor, pero insuficiente para Dios, y pídele que Él te perdone, te limpie de tu pecado. Dile que quieres vivir para Él el resto de tus días. Invítale a sentarse en el trono de tu vida, que sea Él el que a partir de ahora mande. Cree en Él y arrepiéntete de tu pecado cada día de ahora en adelante, y serás salvo.

"Si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos confiar siempre en que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad." 1 Juan 1:9

"Si reconoces con tu propia boca que Jesús es el Señor, y si crees de corazón que Dios lo resucitó, entonces te librarás del castigo que mereces." Romanos 10:9

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." 2 Corintios 5:17

¿Quién puede salvarse?

¿Sabes que cualquiera puede salvarse?, ¿sabes que no importa lo que hayas hecho ni quién seas?, ¿sabes que no hay pecado suficientemente grande que Dios no pueda perdonar?, ¿sabes que si estás leyendo esto es porque Dios te ha estado llamando toda tu vida, y nuevamente te llama con estas palabras?
Jesús pagó tu pecado en la cruz. Lo que sujetaba a Jesús a aquella cruz no eran los clavos, era el amor por ti, para ofrecerte la oportunidad de reconciliarte con Él.

Dios te ama más de lo que puedas imaginar, más de lo que nunca entenderás. ¿Qué harás?, ¿te vas a coger de la mano que Jesús te está tendiendo o lo vas a rechazar de nuevo?

Si quieres, puedes hacer esta oración:

“Señor, reconozco que he vivido a mi manera, que no soy perfecto, y que por mi maldad estoy en deuda contigo. Me duele el haberlo hecho y decido no seguir así más. Me arrepiento de corazón y te pido que perdones mis pecados. Quiero ser salvo y estar contigo por la eternidad. Quiero servirte, hacer lo que tú quieras que haga, que seas mi Señor, mi Dios y mi Salvador. En el nombre de Jesús, amén.”

Esta oración no es conjuro ni una fórmula mágica, lo importante es la intención de tu corazón. Si has hecho esta oración sinceramente, ¡has nacido de nuevo, eres salvo!, formas parte de la gran familia de Dios. Escríbenos o llámanos, estaremos encantados de ayudarte en esta nueva vida.